lunes, 10 de diciembre de 2007

Articulo Invitado

ARGONÁUTICA : El elevador (publicado en el "Reforma" el 17 Sep. 07)
de Jordi Soler

Hace unos días viajaba yo despreocupado adentro de un elevador. Viajaba de arriba abajo, del piso 18 al vestíbulo, silbando una melodía del joven compositor salamantino Berrendo Talismán. La verdad es que Berrendo tiene 62 años, no es joven, en rigor. Sin embargo, como bien sabrán todos ustedes, porque últimamente ha salido en todos los diarios, Salamante es un pueblo español donde la media de edad son los 81; es uno de estos pueblos donde el alcalde invita jóvenes para que se queden a vivir ahí, y se reproduzcan y contribuyan a evitar la extinción de esa microsociedad; a cambio de este noble y fecundo servicio, el ayuntamiento le pone casa al joven y a su chica y les da un trabajo bien remunerado.

El caso es que iba yo viajando en el elevador, silbando la pegajosa melodía del cantante salamantino y pensando en la relatividad de su juventud, cuando mi viaje se detuvo en el piso 14. Se abrió la puerta y entró un señor de mediana edad, comprobó en el tablero que íbamos al vestíbulo y se puso a mirar la tira decreciente de números que indicaba los pisos que íbamos dejando atrás, a una velocidad por cierto notable.

El elevador volvió a detenerse en el sexto piso, la puerta se abrió y no había nadie, o eso creí yo, porque en cuanto se cerró, el hombre que venía mirando la tira de números dijo "buenos días". En cuanto oí ese saludo a destiempo, aun cuando me sentí desconcertado, me apresuré a contestarle "buenos días" y él protestó alegando, con una violencia innecesaria, que no me lo había dicho a mí sino al otro, y dicho esto, hizo un ademán hacia el rincón del elevador donde, según él, acababa de colocarse la persona que se había subido en el sexto piso. Pero yo, por más que ponía de mi parte, no veía adentro del elevador más que al señor que había subido en el catorce y a mí mismo.

La verdad es que en ese momento tendría que haber dicho, "pero si aquí no estamos más que usted y yo, deje de tomarme el pelo", pero algo me retuvo, quizá la remotísima posibilidad de que, efectivamente, hubiera subido alguien que yo no podía ver y él sí. Hice el resto del viaje presa del nerviosismo y por hacer algo regresé a silbar la pegajosa canción de Berrendo Talismán y, simultáneamente, a elucubrar sobre la posibilidad de apuntarme a la invitación del alcalde de Salamante y vivir una temporada dedicado a los placeres de la provincia y la reproducción. Pensaba yo eso para paliar mi nerviosismo porque ya empezaba a sentirme observado por el hombre invisible que había subido en el sexto piso. Todo esto que cuento, mis silbidos y mis pensamientos, transcurría en unos cuantos instantes, dos o tres, del piso seis al segundo, hasta que el hombre que había subido en el catorce dijo: "Es la del joven cantante salamantino ¿no?", refiriéndose a mi melodía silbada. Le dije que sí y agregué, por cortesía y por nerviosismo, "¿la conoce?"; una pregunta estúpida, pues acababa de reconocerla, pero, como ustedes bien sabrán, el nerviosismo atonta. El hombre del catorce agregó: "Berrendo Talismán", y yo ya no agregué nada porque la puerta se abrió en el vestíbulo y comencé a sentir que el hombre invisible me miraba con demasiada insistencia, tanta que salí rápidamente del elevador y corrí hasta el lugar donde había estacionado mi coche.

Mientras manejaba hasta el supermercado sentí todo el tiempo que el hombre invisible iba sentado en el asiento de junto y en lo que hacía la compra de la semana no deje de sentir su presencia y, en un par de ocasiones, su respiración en la nuca. De regreso a casa, cargado de paquetes y todavía más nervioso por la forma en que sentía que el hombre invisible me acosaba, me subí al elevador y oprimí el botón del piso 18, pensando de qué forma iba a lidiar con ese intruso, pero el elevador se detuvo en el sexto piso, la puerta se abrió y no había nadie fuera y cuando volvió a cerrarse sentí, con una claridad pasmosa, que me había quedado solo.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Describiré a tu blog en tres palabras:

Malo, aburrido y ñoño.

Espero no crear controversia.

Hector V. Diaz (duva) dijo...

Yo reservé cuatro palabras para describir tu comentario:

Malo, aburrido, ñoño y mamón.

Espero no crear controversia.

Jonatan Abraham "Moe" dijo...

ps yo describire esta copnversacion en cuatro silabas jajajaja

Oscar dijo...

Pues a mi me gustó mucho, ahh....,esos individuo invisible, muchas veces siento sus presencias!!

Pete Shomez dijo...

jajaja
no ma... q loco!
jajaja... shale, q onda kn ese loco?