jueves 13 de marzo de 2008

Cronica de un viaje no anunciado a una ciudad muerta y un acertijo idiomatico concebido por un español recalcitrante

Después de vivir durante algunos años en un mismo lugar, se va tomando conciencia de ciertos detalles propios de la comunidad circundante. Por mi casa, por ejemplo, saliendo del metro, está "el Titán" un bar que remodela su fachada una docena de veces al año siempre con distintos motivos. Afuera siempre hay un par de rateros que asaltan a los borrachos, que por alguna razón, siempre traen relojes o celulares caros. Justo a la vuelta, esta un restaurante de mariscos con un éxito insospechado. La iglesia de san José acribillada por el ataque aéreo de las palomas. El mercado Hidalgo que en diciembre se pone, como ya se ha dicho, como el bosque de los suicidas... En mi calle tenemos a Evita (que pesa aproximadamente 250 kg) y a doña Cruz (le dicen "roña Cruz" o "esa pinche señora") que se odian y que cada vez que se ven empiezan a gritarse peladeces hasta que doña Cruz se harta y empieza a golpear a Evita, que profiere la terrible amenaza de acusarla con su hermana; tenemos al sujeto de la eléctrica de la esquina que tiene un mustang viejito, destartalado y rojo (que seguro consiguió muy barato) y un ego muy grande. El nefasto "hotel Garage" a media calle, hospicio de travestidos. Están lolita y nacho que se la pasan haciendo rifas y gorreando. Están esos desgraciados de las ambulancias que siempre llegan en sentido contrario por mamones y se ponen a jugar fútbol a media noche. Esta Don Agustín, el de las revistas, jugando baraja junto al poste en donde se estrelló de forma muy aparatosa don Darío el taxista y en fin, tantas cosas por el estilo.

Todo esto se me ocurrió por que el martes pasado, fui llevado voluntariamente a fuerzas (ahora comprendo esa expresión) hasta Tecamac a descargar 200 equipos de computo. Pocas veces me he llevado una friega semejante, pero ese no es el asunto (ni el pasado tampoco ¿se dan cuenta?). Para los que no han ido nunca a la zona residencial (cuyo nombre no quiero recordar) por la que fui dejando suspiros y gotas de sudor en Tecamac, no están cerca de imaginarse lo horrendo que se siente estar ahí. Todas las casas son exactamente iguales. Todas. Todas Beige, todas con los bordes pintados con un color café de tono semejante al de los nativos americanos de no haberse bronceado demasiado, todas (me imagino por que solo entré a una) con las mismas escaleras mal hechotas de 50 cm de ancho, todas con su área amarilla que pretende ser verde y con sus columpios y resbaladillas llenas de todo menos de niños, todas la misma tiendita, todas el mismo bar, todas el "antro" (odio usar esa palabra), todas con el mismo precio... salvo las que tienen adoquines en la entrada: esas cuestan 10000 pesos más (es un precio razonable tomando en cuenta que el esprecto de busqueda se reduce considerablemente. Uno paga esa cantidad extra para saber en donde carajos está la casa que compró). Si un borracho espera llegar a su domicilio después de una prolongada exposición etílica, esta destinado a fracasar miserablemente en el intento de llegar a él y a dormir en el primer lugar donde se tropiece. Los que viven ahí y que se atreven a salir, dan la impresión de haber sobrevivido a una Bomba-A: van caminando despasito con una cara de desesperación y desconsuelo (que también puede ser un aburrimiento tremendo) con la leve esperanza de encontrarse algo tan siquiera un poquito fuera de lo común, por que cuando algo suceda en un paraje tan desolado por la monotonía como este, va a ser algo tan extraordinario como que una marmota se ponga a jugar ajedrez(1). Tanta lastima me dieron estas pobres personas, que en varios momentos tuve ganas suicidarme arrojándome de una azotea con 2 monitores de los que estábamos descargando nada más para que esa pobre gente tuviera de que platicar los próximos años(2). Será por que estoy acostumbrado a vivir en medio del moderado ajetreo que pobremente describo en el primer párrafo, pero yo sería incapaz de vivir en un lugar como este.


Y ahora el acertijo idiomatico concebido por un español recalcitrante:

¿Saben ustedes quién es "Guillermo Blandelanzas"?
Yo me tardé unos segundos en comprender quien diablos era.
La solucion en los comentarios. El titulo es una pista: el nombre se trata de una traducción.




1.- Este chiste me lo robé. No me acuerdo de donde, creo que es de Jorge Ibargüengoitia...
2.- Esto si no me lo robé. De verdad se me ocurrió. Que baboso soy a veces...

3 comentarios:

Hector V. Diaz (duva) dijo...

Solucion:
William Shakespeare.
Estos traduroctores españoles de veras que...

Ecray dijo...

Traduciones comunes en el ambito musical, son como pequeñas bromas de desolacion (si en verdad cada cultura es un individuo no traduzcas los nombres de las mias por qeu los harias tuyos).

Asi qeu viva la diversidad en una sola cuadra y que viva, Juanito Efectivo, Ricardo Queso, y demas energumenos salidos del "Lost in translation"

Hector V. Diaz (duva) dijo...

:) gracias por tu comentario.