Son increíbles las cosas que llegan a pasar cuando a uno le entregan la completa responsabilidad de algo. Es más, parece ser que los desastres solo llegan hasta ese momento, que por cierto, se vuelve muy angustiante. Para darse cuenta de esto sería conveniente ver "Negocios Riesgosos", escuchar la historia de mi tío, que lo asaltaron a los 27 minutos a cargo de una ferretería; la de mi primo que achicharró toda la instalación eléctrica de su casa al prender el microondas cuando se quedó solo en un lejano fin de semana; la de una desaparecida amiga mía, que no logró socavar el fuego que iniciaron los escuincles que "estaba cuidando" hasta que consumió toda toda la sala, la alfombra, 3 cortinas y la cola del gato, que hizo un escandalo terrible y tiró al suelo, ni más ni menos, todo lo que pudiera romperse... o pueden leer la mía.
Toda la semana pasada nos quedamos solos en el local un compañero, el hermano de mi patrón (al que le hacen falta 15 segundos para procesar cada palabra y solo 2 para olvidarse de todas ellas) y yo. Pues bien. Nos encargaron la bodega, el negocio, la casa y a una perra pequeñita y raquítica (en el titulo no dice "la perra suicida" por que esa expresión se oye bastante peyorativa: parece que hablo de una meretriz...). Toda la semana no hubo mayores incidentes más que idioteces leves, mal entendidos e incertidumbres sin demasiada importancia, pero el penúltimo día sucedió algo bastante desagradable y que puede advertirse en el titulo de esta entrada.
La descripción de los hechos requiere un pequeño ejercicio de imaginación: Usted trabaja al lado de una estética llena de gente poquitera que reclama sonriendo donde además trabaja un travestido que se esfuerza todo lo posible por demostrar que su condición es bastante desagradable. En la calle de enfrente, adyacente a su casa, están construyendo una tienda de mascotas en la que planean vender peces y justo en ese momento se dan cuenta de mas de la mitad esta flotando en la superficie de una cubeta que sirve de pecera provisional. Imagine además que odia a la p. perra esa. Justo ahora lleva cerca de 10 horas frente a un monitor notablemente aburrido y sin nada que hacer cuando llega con mucho apuro el travestido desagradable gritando "tu perrriiiito se está ahorcando!". Usted piensa unos segundos la razón que les impide a la increíble cantidad de mirones (que seguramente encontrará en cuanto salga) ayudar al animal, aunque los comprende perfectamente. Sale corriendo y se encuentra a los albañiles del futuro acuario viendo con creciente interés como se contorsiona la p. perra, a uno de los dueños del futuro acuario mentandole la madre al otro por descuidar "la mercancía" y a los poquiteros hipócritas de la estética y a su cumulo de escuinclas alarmadísimos con el suceso. Se abre paso y como es usted muy alto alcanza a recoger lo suficiente a la p. perra como para que no se siga ahorcando en el momento justo en el que el animal pierde el control de su esfínter y le orina directamente...
Después de esto, los albañiles nos prestaron una escalera y el travestido me dijo que era un héroe juntando las manos como con orgullo y desde entonces diario nos pregunta si "no se nos murió el perrrrrriiiiito". La única secuela que le quedó a esa p. perra malagradecida, es que ahora cada vez que me tiene cerca no para de ladrar.
martes 13 de mayo de 2008
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